Entre la diversión y la obligación

mayo 24, 2017

Cuando empecé con el triatlón, hace más de 6 años lo hice a modo de aventura. Me gustaba la sensación de ir aprendiendo trucos y consejos. De entrenar cada día una disciplina, una día nadas, otro pedaleas, otro corres, algo de gym, la salida larga en bici los findes… Siempre me ha gustado esa falta de monotonía. Y por supuesto satisfacción de ir mejorando poco a poco y disfrutando del camino y del entrenamiento.
Para mi las metas en un triatlón nunca han sido el objetivo. Me da igual que fuese un triatlón sprint que un Ironman. Mi objetivo ha sido la superación diaria y la mejora constante. Levantarte cada día con ganas de entrenar, de mejorar y de retarte a ti mismo. Esa sensación me ha dado una vidilla inmejorable. Y además me ha ayudado mucho a encontrar el equilibrio con mi vida profesional, la cual está sujeta la toma de decisiones constante, la gestión de clientes y su correspondiente estrés.
El deporte siempre me ha ayudado a sacarme ese estrés extra y a rendir más en el trabajo. Pero últimamente no está siendo así. El deporte ha pasado de diversión a obligación. Y lo mismo me pasa con el trabajo, con el que tanto he disfrutado y ahora me está ahogando. Me falta tiempo por la excesiva carga de trabajo y por el volumen de entrenamiento que debo llevar. Y esto está empezando a afectar a mi salud.
Llevo bastantes años compaginando deporte, trabajo y familia con un equilibrio perfecto. Pero cuando no disfrutas y no estás motivado, debes parar, pensar, analizar y reflexionar.

Diversión y obligación

Esto me ha llevado a tomar una decisión, abandonar mi preparación para mi próximo Ironman, que estaba previsto en Vitoria, el próximo 9 de julio. Sinceramente lo que menos me motiva es cruzar la meta de otro Ironman, lo que de verdad me motiva es el día a día y no lo estoy disfrutando. Después de analizar mucho, durante meses, he tomado esta decisión, la cual me duele en el alma pero creo que es la más sensata y la mejor para mi, para mi familia y para mi trabajo.
Estas son las razones y conclusiones a las que he llegado, por si a alguien les sirve como análisis ante situaciones similares.
  1. No lo estoy disfrutando. Lo que tanto me gusta me está suponiendo un esfuerzo y estrés extra, a pasado de diversión y obligación, y eso a mi manera de entender el deporte no lo voy a permitir.
  2. No tengo horas suficientes. Para preparar Ironman hacen falta muchas horas. A mi nivel unas 15-20 horas semanales. A las cuales no estoy llegando. Voy siempre mirando el reloj para cuadrar el trabajo y los entrenamientos, dejando de lado otras cosas esenciales en la vida, como descansar, desconectar o estar con amigos y pareja.
  3. Mi salud se ha visto afectada. Aunque mentalmente no lo notes el cuerpo va absorbiendo estrés, créeme que yo pensaba que esto no pasaba. Y ese estrés el cuerpo lo acaba sacando por algún sitio. En mi caso llevo año y medio con calambres en glúteos y piernas, dándole poca importancia ya que no tenía tiempo para dedicarle, hasta que hace unos meses decidí mirarlo y analizarlo. Resultado: hernia fiscal en L4-L5 por un exceso de estrés en el cuerpo.
Aún así continué, decidí seguir superándome y intentarlo día tras día. Pues es mi manera de afrontar la vida. Pero ha llegado el momento de desconectar, de seguir descubriéndome y conociéndome. Para encontrar nuevas motivaciones y nuevo objetivos, que seguro vendrán. Para recuperar la lesión. Y para dedicar más tiempo a mi familia y mis amigos. Y también para perder el tiempo, para que la cabeza se oxigene. Con esto seguro que gano en salud y sin querer ganaré productividad y optimización de tiempo.
Otro punto bueno de llegar a estos planteamientos y pensamientos es que te das cuenta que está bien rodeado, solo he hablado con mi mujer y mi entrenador para tomar la decisión y ambos me han apoyado de una manera incondicional, gracias. Y seguro que también recibiré apoyo de compañeros y amigos cuando lo lean.
Ahora más que nunca toca #hazloporti.