Deja de justificarte. Todo cambia.

Últimamente veo un patrón que se repite en muchos emprendedores, y también lo he visto en mí mismo en otras etapas de mi vida: decimos que queremos algo —un negocio más sólido, más foco, una vida más equilibrada, un cuerpo más fuerte—, pero nuestras acciones cuentan otra historia. Ahora que esta acabando otro año, espero te ayude a reflexionar un poco.

Y ahí es donde se rompe todo. No por fuera, sino por dentro.
El respeto propio no se pierde cuando fallas, sino cuando te escuchas prometer algo una y otra vez…
y sabes que no estás haciendo nada para sostenerlo.

Decimos “no tengo tiempo”, pero pasamos horas al día en distracciones, echa un vistazo al análisis de tiempo de tu teléfono.
Decimos que queremos crecer, pero seguimos tomando decisiones pequeñas y sin movernos.
Decimos que estamos comprometidos, pero damos un 40% mientras esperamos resultados del 100%.
Esa incoherencia desgasta más que el esfuerzo real.

Todo cambia cuando dejas de justificarte.

Lo he vivido en el deporte, en mis rutinas de entrenamiento y también emprendiendo.
Cuando construí Brandsummit tuve que asumir que nada cambiaría si yo no cambiaba primero: mis sistemas, mi disciplina, mis límites y mi capacidad de decir no. Si echo la vista atrás creo que no he parado de evolucionar, de tomar decisiones, no siempre acertadas, pero si en un mismo camino.
No es magia. Es coherencia. Y la coherencia tiene una energía brutal.

Los sistemas que uso hoy —tanto para trabajar como para entrenar— existen para una razón:
hacer que mis acciones vayan por delante de mis palabras.
Porque cuando eso ocurre, todo se ordena: la identidad, la seguridad, la tranquilidad y los resultados.

Y aquí está el mensaje importante:
no necesitas motivación para cambiar tu vida. Necesitas dejar de prometer cosas que no sostienes y empezar a sostener cosas que no necesitas prometer y aparecen tres cosas que no se compran: claridad, respeto propio y momento presente (como dice me tatuaje “AHORA”).

No tienes que hacerlo perfecto. Solo tienes que hacerlo real. Dale!